El trío chileno Pescao marca un hito en su carrera con el lanzamiento de “Uno”, su primer álbum de larga duración. Tras un año de entregas constantes con siete sencillos previos, l...
El trío chileno Pescao marca un hito en su carrera con el lanzamiento de “Uno”, su primer álbum de larga duración. Tras un año de entregas constantes con siete sencillos previos, la banda consolida un cancionero que viaja con destreza entre el folk, el surf rock y la experimentación sonora. Este debut se erige como una obra versátil, atemporal y profundamente humana, capaz de transformar pequeñas escenas de la vida diaria en relatos inolvidables bajo una mirada amable y cotidiana.
Un universo entre la melancolía y el humor
La identidad de este trabajo reside en un equilibrio inusual: la capacidad de mantener el humor frente a la melancolía. Tomás Hurtado (voz), Clemente Boetsch (guitarras) y Andrés Elgueta (batería) definen esta amalgama como esa risa que escapa en medio de un funeral ante una anécdota compartida. Las doce canciones que componen Uno exploran temas como el amor, la amistad y las ausencias, observando la realidad a través de un lente que evita la solemnidad innecesaria.
Desde la historia de un niño santiaguino que sueña con el mar hasta el silencioso deterioro de una relación de años, el disco recorre un espectro emocional amplio. En el camino, el grupo incluye una notable versión de “De nosotros dos”, del legendario cantautor uruguayo Eduardo Mateo, reafirmando su respeto por la tradición de la canción latinoamericana.
Un universo entre la melancolía y el humor
La producción del álbum destaca por un carácter auténtico y doméstico. En lugar de buscar la frialdad de las máquinas o la pomposidad de estudios de alto costo, el trío grabó gran parte del material en sus propios espacios. Esta metodología casera y directa permitió imprimir una calidez que define la esencia del proyecto. Al priorizar el trabajo colectivo y la conversación en torno a los instrumentos, Pescao logró que el sonido fuera coherente con sus historias, evitando el uso excesivo de edición digital para mantener la vitalidad de la ejecución humana.
El resultado es un repertorio que nunca se detiene. Sobre un formato clásico de banda, la música incorpora texturas de piano, sintetizadores y contrabajo, oscilando entre la experimentación de “Dos Remolinos”, con sus guitarras invertidas, y la ternura de “Polera”.
El álbum cuenta además con la participación de colaboradores cercanos como Vicente, Pablo Lobos y Olivia García, quienes se suman a este círculo de amistad que sostiene la estructura creativa de la banda. Con este lanzamiento, Pescao invita a su audiencia a encontrar optimismo incluso en los días difíciles, ofreciendo un refugio sonoro donde nada resulta ser tan grave como parece.