Pity Álvarez volvió a los escenarios ante 35 mil personas y 9 años de silencio
22 de diciembre de 20253 min de lectura
Tras un silencio que se prolongó por nueve años y un conteo exacto de 3.212 días fuera de los escenarios, Cristian “Pity” Álvarez volvió a empuñar una guitarra frente a una multitu...
Tras un silencio que se prolongó por nueve años y un conteo exacto de 3.212 días fuera de los escenarios, Cristian “Pity” Álvarez volvió a empuñar una guitarra frente a una multitud. El escenario elegido fue el Estadio Mario Alberto Kempes, en la ciudad de Córdoba, donde más de 35 mil almas se congregaron para presenciar un evento que trascendió lo estrictamente musical. El regreso del líder de Viejas Locas e Intoxicados estuvo marcado por una carga emocional asfixiante, una puesta en escena provocadora y un mensaje de introspección que resonará por mucho tiempo: “Solo el universo me puede juzgar”.
La realización del concierto fue posible gracias a una autorización especial de los jueces que intervienen en la causa penal por la muerte de Cristian Díaz, hecho ocurrido en 2018. Bajo este contexto de fragilidad legal y personal, el artista se presentó ante un público que combinó a la vieja guardia de los años 90 con nuevas generaciones deseosas de conocer el mito en carne y hueso.
Una puesta en escena teatral y el despliegue de una “Big Band”
La noche comenzó con una atmósfera de tensión eléctrica. El ingreso de Álvarez al escenario fue fiel a su estilo disruptivo: entró con un fragmento de “El Rey” de fondo, mientras sostenía una correa que paseaba a una mujer exuberante. Esta imagen, cargada de su habitual ironía y provocación, dio paso a los primeros acordes de “Intoxicado” y “Nena, me gustas así”, piezas que encendieron de inmediato la euforia de los presentes.
A diferencia de la crudeza de su etapa en Viejas Locas, Pity se rodeó de una big band sonora que recordó la elegancia desprolija de los mejores años de Intoxicados. El repertorio fue un recorrido exhaustivo por su catálogo, donde la vulnerabilidad vocal del músico se transformó en su mayor fortaleza interpretativa. Durante el primer bloque, sonaron clásicos como “Homero” —dedicada de forma emotiva a su padre—, “Árbol de la vida”, “Me gustas mucho” y “Se fue al cielo”, demostrando que su pluma para retratar la precariedad y el sentimiento barrial permanece intacta.
El quiebre emocional y el juicio del universo
El punto de máxima intensidad ocurrió tras la interpretación de “Fuiste lo mejor”. En ese instante, la figura del rockstar se desvaneció para dar lugar al hombre atravesado por la tragedia y la reclusión. Ante un estadio en silencio absoluto, Pity Álvarez se mostró visiblemente conmovido.
“Si dicen que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, ¿qué me va a juzgar Dios? Yo que soy otro dios. Solo el universo me puede juzgar”, manifestó el músico antes de romper en llanto.
Este momento de catarsis humana fue la postal más potente de la noche, un recordatorio de la compleja realidad que rodea al artista. Tras ese intermedio emocional, el show recuperó su pulso rockero con la aparición de Felipe Barrozo, su socio creativo histórico, para interpretar “Una vela”. El segundo bloque fue una sucesión de himnos generacionales: “Fuego”, “Está saliendo el sol”, “Nunca quise” y “Lo artesanal”.
Un cierre inesperado y el regreso a la realidad judicial
Cuando una parte de la audiencia ya iniciaba la retirada del recinto, Álvarez regresó para un último acto de energía pura. Con “Quieren rock” y “Una piba como vos”, completó una lista monumental de 33 canciones, cerrando un concierto que se extendió por varias horas y que desafió todas las expectativas técnicas y físicas.
Sin embargo, el resplandor de las luces del Kempes tiene un contraste inmediato en los tribunales. Tal como lo adelantó el productor José Palazzo, el músico tiene el compromiso de presentarse nuevamente ante la Justicia este martes. Por ahora, no existen anuncios sobre nuevas fechas o grabaciones en el horizonte cercano. El futuro de Pity Álvarez continúa bajo una nebulosa de incertidumbre, pero su paso por Córdoba ha dejado claro que su historia, lejos de haber terminado, sigue escribiéndose con la misma adrenalina y contradicción que definen su leyenda.
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