Decadencia máxima: Hinchas de Independiente transformaron clásico de León Gieco en penoso cántico xenofóbico
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Decadencia máxima: Hinchas de Independiente transformaron clásico de León Gieco en penoso cántico xenofóbico

25 de agosto de 20252 min de lectura

La noche del 20 de agosto de 2025 será recordada no solo por la barbarie que azotó el estadio Libertadores de América en Avellaneda, sino también por una de las profanaciones cultu...

La noche del 20 de agosto de 2025 será recordada no solo por la barbarie que azotó el estadio Libertadores de América en Avellaneda, sino también por una de las profanaciones culturales más tristes en la historia del fútbol argentino. El partido por Copa Sudamericana entre Independiente y la Universidad de Chile, que terminó en una masacre y la suspensión del encuentro, expuso una cara oscura de la pasión futbolística que trascendió la violencia física para adentrarse en la xenofobia y la deshonra de un ícono.

La tragedia, que se llevó el foco principal de las noticias, comenzó incluso antes de los proyectiles y los golpes. Cuando el ambiente de tensión ya era palpable en la tribuna visitante, la barra brava de Independiente eligió una forma peculiar de intimidación. Entonaron la melodía de “Sólo le pido a Dios”, una de las canciones más queridas y pacifistas de la historia musical latinoamericana, compuesta por el legendario León Gieco. Sin embargo, la letra que vociferaban transformó un himno a la esperanza en un cántico de odio: “Solo le pido a Dios que se mueran todos los chilenos, soy del rojo y de Argentina, no se olvida la traición a las Malvinas”.

Un espanto que seguramente León Gieco jamás imaginó

Para un artista como Gieco, cuya canción fue creada en 1978 en el contexto de la dictadura militar y la posibilidad de un conflicto con Chile, escuchar una versión que pide la muerte de personas y revive un doloroso conflicto geopolítico debe ser una puñalada al corazón. La versión original del tema clama por la paz, un “cuerpo que no mienta”, “la indiferencia” y “la guerra”. La apropiación por parte de un grupo violento para promover la xenofobia y el ultra nacionalismo es una distorsión máxima de su mensaje de humanidad y fraternidad.

Lo que siguió a esta miserable intro fue la barbarie. Una vez que supuestos proyectiles arrojados desde la tribuna de la U de Chile provocaron la furia de los locales, los barrabravas de Independiente, facilitados por la falta de seguridad, irrumpieron en el sector visitante. Lo que ocurrió después fue un linchamiento, un acto de salvajismo que dejó decenas de heridos y un sabor amargo en la boca de quienes aman el fútbol. Testimonios de los hinchas chilenos relataron un horror indescriptible: golpeados con palos y fierros, despojados de sus ropas y pertenencias, y en casos extremos, arrojados al vacío.

El saldo de este enfrentamiento fue desolador. Múltiples heridos de gravedad, algunos con fracturas de cráneo, y más de un centenar de detenidos que, con el tiempo, fueron liberados. La Conmebol, con la intención de sancionar los hechos, suspendió el partido, pero la herida causada a la imagen del fútbol y la sociedad trasciende cualquier castigo deportivo. La utilización de un himno de paz para justificar la violencia no es solo un acto de hooliganismo, sino una muestra de la decadencia moral que aflige al deporte más popular del continente. En este penoso episodio, no solo perdieron Independiente y la U de Chile, sino también el fútbol y la música, dos expresiones que siempre aspiraron a la unión de los pueblos.

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