21 años sin Pappo, guitarrista eximio y voz clave del rock latino
25 de febrero de 20263 min de lectura
El calendario del rock en español marca cada 25 de febrero una cicatriz difícil de ignorar. Hoy se cumplen 21 años de la madrugada en la que el asfalto de la ruta 5, a la altura de...
El calendario del rock en español marca cada 25 de febrero una cicatriz difícil de ignorar. Hoy se cumplen 21 años de la madrugada en la que el asfalto de la ruta 5, a la altura de Luján, terminó con la vida de Norberto Aníbal Napolitano. La noticia de aquel accidente vial en 2005 no solo sacudió a Argentina, sino que clausuró un capítulo fundamental en la historia de la guitarra eléctrica a nivel global. El “Carpo”, como lo llamaba su círculo íntimo, dejó un vacío que dos décadas después ninguna otra figura ha logrado llenar con la misma mezcla de rudeza barrial y virtuosismo instintivo.
La reconstrucción de aquel trágico desenlace sigue fresca en la memoria colectiva. Pappo viajaba en tándem con su hijo, ambos en sus respectivas motocicletas, cuando un roce entre los vehículos provocó que el músico perdiera la estabilidad. Al caer al pavimento, un automóvil que circulaba en sentido contrario lo arrolló de forma fatal. Tenía 54 años y se encontraba en un momento de plena vigencia creativa, reafirmando una trayectoria que había comenzado mucho antes de las camperas de cuero y los estadios llenos.
Del barrio de La Paternal a la fundación del rock nacional
Nacido el 10 de marzo de 1950, Pappo creció en el barrio porteño de La Paternal, un lugar que nunca abandonó emocionalmente. Su formación musical no fue académica, sino fruto del instinto y la frecuentación del circuito underground de finales de los años 60. Su talento con las seis cuerdas le permitió integrar formaciones clave de la etapa fundacional del rock argentino. Fue parte de la alineación original de Los Abuelos de la Nada y tuvo un paso significativo por Los Gatos, aunque sus inicios técnicos incluyeron tareas de plomo para Los Iracundos.
Sin embargo, su identidad sonora se consolidó definitivamente con la creación de Pappo’s Blues a comienzos de la década del 70. En un contexto dominado por la psicodelia y la canción beat, Napolitano impuso un sonido áspero, eléctrico y profundamente blusero. Obras como “Desconfío” o “El hombre suburbano” se erigieron como piedras angulares del género. En esos años, su capacidad técnica lo llevó a colaborar con figuras como Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll, demostrando una versatilidad que incluso lo sentó en el bajo para grabaciones de Pedro y Pablo.
Riff: El motor del heavy metal en Argentina
Tras un giro experimental y técnico con Aeroblus a finales de los 70 —junto a Alejandro Medina y Rolando Castello Junior—, Pappo dio el salto definitivo hacia la masividad en los años 80. Con la fundación de Riff, el músico introdujo la estética del heavy metal en un país que transicionaba hacia la democracia. Mientras las radios de la época alternaban entre el pop de Virus, la sofisticación de Soda Stereo o la lírica de Charly García, Riff irrumpía con tachas, cuero y un sonido demoledor.
Pappo no solo fue un guitarrista; fue un puente cultural. Su admiración por B.B. King y las raíces del blues estadounidense lo llevó a compartir escenario con el “Rey del Blues” en el Madison Square Garden, un hito que validó su condición de intérprete respetado fuera de las fronteras latinoamericanas. Nunca buscó la corrección política; su voz, con una textura que evocaba madrugadas y talleres mecánicos, era el canal de un hombre que decía lo que pensaba sin filtros.
“Pappo & Amigos”: El testamento de un maestro
Al cumplir 50 años, en el año 2000, Napolitano editó Pappo & Amigos, un disco doble que hoy funciona como un catálogo de su influencia. En este proyecto participaron más de 40 músicos, incluyendo a referentes de diversas generaciones como Andrés Calamaro, Ricardo Iorio, Adrián Otero, Vicentico y Andrés Ciro Martínez. La presencia de bandas como Divididos, La Renga, Almafuerte y Viejas Locas en ese álbum confirmó que Pappo era el “maestro” indiscutido de la escena, uniendo bajo su ala al rock, el blues y el metal.
A 21 años de su partida, el velatorio multitudinario que detuvo a la ciudad de Buenos Aires sigue siendo recordado como el adiós a un símbolo. Pappo nunca dejó de ser el vecino de La Paternal, el amante de los “fierros” y las motos que, a pesar de la fama internacional, prefirió siempre la honestidad de un riff directo al maquillaje del estrellato comercial. Su legado hoy late en cada amplificador que busca esa distorsión sincera que solo él sabía extraer de su Gibson.
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